Dios trabajando
«Dios está llorando», susurró la hija de 10 años de Bill Haley, parada bajo la lluvia con un grupo multiétnico de creyentes en Cristo. Habían ido a Valle Shenandoah para encontrarse con Dios y clamar por la discordia racial en Estados Unidos. Allí, donde exesclavos habían sido sepultados, se tomaron de la mano para orar. De repente, empezó a llover. Cuando el líder clamó por el fin de la segregación, la lluvia cayó más fuerte. Aquellos creyentes se convencieron de que Dios estaba obrando para traer reconciliación y perdón.
¿Qué reputación tienes?
En un evento deportivo de la escuela secundaria, Tomás era el más grande y ruidoso entre los que alentaban desde la tribuna. Antes de contraer una enfermedad degenerativa, medía casi dos metros de alto y pesaba unos 130 kilos. Sus alaridos vitoreando el color de la escuela en los eventos eran legendarios, lo que le atribuyó el apodo de «Gran Azul».
Un legado de aceptación
En su libro Breaking Down Walls [Derribando barreras], Glen Kehrein relata lo que vio desde la universidad donde estudiaba en Chicago, después del asesinato del defensor de derechos humanos, Dr. Martin Luther King Jr., en 1968: «Los disparos se entrecruzaban de forma escalofriante entre los edificios, y […] mi ubicación en el techo ofrecía una vista cercana aunque horrorosa […]. ¿Cómo podía ser que yo llegara de un trigal en Wisconsin a un campo de batalla en el centro de Chicago en menos de dos años?». Impulsado por su amor a Cristo y a personas con trasfondos diferentes al suyo, Glen vivió en la zona oeste de Chicago y encabezó un ministerio que suministraba comida, ropa, refugio y otros servicios, hasta su muerte en 2011.
Lucha en oración
La vida de Daniel cambió después de que alguien le regalara un Nuevo Testamento. Su lectura lo cautivó, y lo llevaba siempre consigo. A los dos meses, le ocurrieron dos sucesos transformadores: puso su fe en Jesús como Salvador y le diagnosticaron un tumor cerebral. El dolor insoportable por ese tumor lo confinó a una cama, lo que le impidió trabajar. Una noche, dolorido y desvelado, clamó a Dios, hasta que finalmente se durmió cerca del amanecer.
El triunfo del perdón
Después de luchar con las drogas y el pecado sexual, Marcos estaba desesperado. En medio de su miseria, se encontró en una iglesia, pidiendo si podía hablar con un pastor. Allí tuvo el alivio de compartir su historia complicada, y de escuchar sobre la misericordia y el perdón de Dios.
Tirantes, ladrillos y Dios
Después de orar sobre lo que Dios los llamaba a hacer en la próxima etapa de sus vidas, Marcos y Nina decidieron mudarse al centro de la ciudad. Compraron una casa y empezaron a restaurarla… hasta que llegó la tormenta. Marcos me escribió: «Esta mañana tuvimos una sorpresa. El tornado que pasó derrumbó nuestra renovación; hasta los tirantes y los ladrillos. Dios tiene algo entre manos».
Más fuerte que el odio
Veinticuatro horas después de la trágica muerte de su madre, Chris expresaba estas poderosas palabras llenas de gracia: «El amor es más fuerte que el odio». Junto con otras ocho personas, ella había sido asesinada en un estudio bíblico de los miércoles por la noche en Carolina del Sur. ¿Qué moldeó de tal manera la vida de este joven para que esas palabras fluyeran de sus labios y su corazón? Chris es un creyente en Cristo cuya madre había «amado a todos con todo el corazón».
Cumplir las promesas
La seriedad de las promesas a Sonia hicieron que Jonatán titubeara mientras repetía los votos matrimoniales. Pensó: ¿Cómo puedo prometer esto y pensar que es imposible cumplirlo? La ceremonia terminó, pero el peso de su compromiso continuó. Después de la recepción, Jonatán llevó a su esposa a la capilla, donde oró durante más de dos horas para que Dios lo ayudara a cumplir su promesa de amar y cuidar a Sonia.
¡Habla!
Brenda exclamó a su compañera de trabajo en el restaurante: «¡Ese es el hombre! ¡Ese es el hombre!». Se refería a Melvin, a quien había conocido antes bajo circunstancias diferentes. Mientras cortaba el césped de la iglesia, el Espíritu lo impulsó a hablar con una mujer que parecía ser prostituta. Cuando la invitó a la iglesia, ella respondió: «¿Usted sabe lo que hago? No querrían que entrara». Cuando Melvin le habló del amor de Jesús y de su poder para cambiar su vida, ella comenzó a llorar. Unas semanas después, Brenda estaba trabajando en un entorno distinto… una prueba viviente del poder de Cristo para cambiar vidas.
Solo confía
Trescientos niños estaban sentados para el desayuno, y se oró dando gracias por los alimentos. ¡Pero no había comida! Situaciones así eran habituales para el director del orfanato y el misionero Jorge Müller. Esta era otra oportunidad de ver cómo proveería Dios. Minutos después de orar, apareció en la puerta un panadero que no había podido dormir la noche anterior.…